¡Jabatos!
El AD Alcotan pierde su primer partido en casa
Alcotán. Uff! A las 11 de la mañana. Uff! Habiendo jugado el jueves. Uff! En campo de tierra. Uff!
Y saltaron los gladiadores. Sol, tierra, y un rival de aupa. La afición presente a la espera de las desgracias. De ver el "a ver que pasa". De ver si esto es lo mismo de siempre. Que en casa bien, pero afuera ... mal. Y a la espera quedamos. Pero algo raro ocurrió. Los chavales salieron al campo de otra manera. De otra guisa. Muy centrados. Miraban a la grada. Con la vista nos decían: "Hoy ganamos". La grada callaba expectante. Y empezó el partido. Intensos, muy intensos estaban los jugadores. Parecía que llevaban 20 minutos jugando. Habían pasado dos minutos y metían la pierna, alentaban al compañero, corregían posiciones y desde la zona técnica se oían constantemente las instrucciones de los técnicos. Y por un bote raro de un balón de cemento en un campo de vacas, nos meten un trallazo imparable. ¿Nos venimos abajo como siempre? ¿Echamos la bronca al primero que tenemos al lado? ¿Maldecimos al inventor del fútbol y buscamos el porqué se encuentra uno en ese campo a esas horas un domingo de puente?
No. Eso decidieron los 11. Miraban a la grada y decían: "Hoy ganamos" Y la grada miraba al suelo. No se lo creían. Y cada balón, cada rebote, cada choque, allí como jabatos, luchando y luchando. Con fé, mucha fé. Y lo más importante: con paciencia. Sabían ellos, los únicos ahí presentes, que con paciencia y con tiempo llegaban los resultados si se seguía con la línea de luchar cada balón como si fuera el último. Y a base de constancia, de cabezonería, de aquí estoy yo y yo no sé quien eres tú, llegó un pase de Ángel que el Kun Ayarza, por insistencia batalladora, logró tocar lo justo para que pasara al lado del portero para conseguir el empate.
La grada no se lo creía. El tesón. El querer ir a jugar al fútbol para ganar y no para entretenerse. Algo bueno se debió de ver que incluso jugadores lesionados y no convocados aparecieron para alentar. Al descanso Lester gritaba a la grada mientras se retiraba a vestuarios: "¡Que vamos a ganar!" Y más paciencia, más canalizar la rabia, el tiempo, las oportunidades, la constancia, un cambio oportuno de el recién llegado Jaime por un semi-lesionado Rolando, que bien podría armarla o lesionarse para meses debido al estado del terreno, y ¡zas! a los dos mintos de saltar, un tiro al poste y ¡zas! a los 5 minutos toquecito con clase y la bola para dentro.
Extasis. Incredulidad. Y para los más viejos: "eso ya lo sabía yo". Premio al trabajo en equipo. Premio para todos. El partido era duro duro duro. Y cualquiera se lo podía haber llevado, pero solo se lo llevó el que más fé tenía. Y dieron una leccion. Y también dieron la lección que nos estaban dando los rivales buenos. El del oficio. El de saber aguantar el partido viendo los minutos que quedaban. El no suicidarse. El no tirar por la borda los 85 minutos anteriores. El saber templar, enfriar, y mantener un resultado. Y el árbitro pitó el final y el entrenador rival nos acusó de 'anti-futbol'. Perfecto. Entonces el trabajo bien hecho.