31 de Enero de 2010.
A veces viene bien madrugar, al menos al Rugby Atleti. No era una hora muy propia de un partido, pero así hubo de ser porque la Federación Española programó entrenamientos de la selección femenina. Por cierto, no aparecieron. Alguien me comentó que la Federación suele reservar dos campos; si hay barro, al de hierba artificial, como no lo hubo se quedaron en el Central. Pero vino bien madrugar, vaya que sí, por lo menos no hubo tiempo para dormirse.
Y es que empezó el Atleti con una velocidad altísima. Corrían los jugadores, sí, pero mejor era ver correr el balón. Apoyos, continuidad, pases y patadas. Jaime supo mover al equipo por fin y Chas y Deivid desarbolaron a la defensa del Glorioso con sus patadas profundas. Todo perfecto para que el Atleti se plantara enseguida en la zona de 22 y sólo la impericia de quien esto escribe malograra el primer ensayo. Afortunadamente, ese primer ensayo llegó en la continuidad de esa jugada. Y luego otro, y otro y otro... La primera parte fue un vendaval rojiblanco, una demostración de que el equipo, si se pone a ello, sabe jugar, y bien. San Isidro casi no tuvo opciones, apenas dos golpes a palos, y sólo aprovechó una. Es cierto que un jugador fue expulsado por insultar al árbitro, pero para entonces el partido sólo tenía dos colores: el rojo y el blanco.
En la segunda parte bajó el ritmo. Quizá el cansancio, quizá falta de ideas, quizá, no hay que olvidar que esto es rugby, que San Isidro plantó cara hasta el final. Aún así, en todo momento se vio a un Atleti que quería y que sabía jugar. Con errores, sí, pero capaz de sobreponerse a ellos. Como muestra, y por volver a hablar de este que les escribe, fallé un placaje dentro de 22 y acto seguido cometí golpe a 5. ¿Y? El equipo se cerró en la línea de ensayo, aguantó una, dos y hasta tres acometidas, robó el balón y otra vez al ataque. Esto es un equipo. Sobre todo porque hay oportudad para que alguien debute y haga un partido sobresaliente: Miguel.
Vamos, que el equipo estuvo magnífico, ya me encargué yo de poner los fallos para que pareciera humano.
Luis Aroca