No me gusta madrugar los domingos. Supongo que a ninguno del equipo, ni a los muchos aficionados que acudieron a Orcasitas. Lamentablemente no hubo partido porque no hubo rival. Tan sólo un tocata para aprovechar el tiempo. Y encima salió caro: Miguel se rompió la clavícula por dos sitios. Ánimo, chaval, estamos contigo. Pero ya me dirás, madrugar para eso.