Yo he tenido que volver al campo esta mañana a preguntar por mi higado, que me lo dejé en un cubo negro que había al lado del banquillo. Ya decía yo que por la noche el orujo de hierbas internacionalmente traducido y conocido como Listerine no me hacía ningún efecto.
Los amables trabajadores del Campo del Canódromo me han entregado el higado en excelentes condiciones después de dejarlo toda la noche en remojo con lejía.
Me lo he vuelto a poner y creo que está en óptimas condiciones para el partido de mañana.
¡Ay cielos! mientras escribo esto, me estoy dando cuenta que me falta uno o dos de mis riñones. En el Canódromo no están, eso seguro, quizás me vaya para el restaurante que igual saben algo antes de ponerlo troceadito en las mesas como si fuera Jaime Mayor Oreja.
Ahora vuelvo y desearme suerte.
Por cierto, si sabéis de alguien voluntario para un transplante, hacedmelo saber.
Gracias.